Santiago Paredes en Moria Galería
Si nos remontamos a la antigüedad, varias civilizaciones tempranas tuvieron como práctica quitarse los zapatos cuando regresaban del mundo exterior porque era la forma simbólica y física de remover las impurezas antes de entrar al hogar. Paredes crea una narrativa que gira en torno a la idea de habitar un espacio, o más bien la manera de habitar una idea. El espectador, al ingresar y despojarse de sus zapatos, acepta el pacto ficcional propuesto, para convertirse en un elemento más de una mise-en scéne de Paredes.
Sus diferentes intereses -las miniaturas persas, el grabado japonés, el high fashion y la cultura pop contemporánea- crean un universo visual teñido de duda -entre lo que es y lo que representa-. Con un gesto al llevar todo al mismo plano de importancia donde no hay jerarquías.
Las obras son la unión de mundos disímiles pero complementarios; que giran en torno a la condición de culto y la condición de uso de los objetos cotidianos. Sus escenas se componen de múltiples referentes, apropiaciones y simulaciones en diálogo con la historia de las imágenes, donde a modo de efecto dominó, cada layer utilizada va creando algo de contenido, algo de frivolidad, algo de neoclasicismo y algo de ambigüedad.
Las piezas que componen Hay una serpiente en mi bota fueron creadas digitalmente y pensadas para ser materializadas en superficies aterciopeladas, de formas caprichosas e inverosímiles.
En el centro de la sala, una mesa con libros creados por el artista actúa como la carpeta Mis documentos. Choosing is doing, se lee en la contratapa de uno de ellos, y puede entenderse como la piedra fundacional. Paredes nos propone reflexionar sobre la posibilidad de componer no desde un instrumento material sino a partir de las imágenes que rastrea, captura y se apropia de distintas fuentes como internet, carteles publicitarios, libros usados, folletos. Cualquier código de representación puede encapsular el sentido mínimo y necesario para despertar una de sus pinturas. Análogo a un libro, sus obras se pueden pensar de la misma manera, primero son diseñadas y luego impresas.
La exhibición se caracteriza por una constante: el pasaje de lo bidimensional a lo tridimensional, de lo virtual a lo físico, y del mundo público al mundo privado. De esta forma, cada elemento que compone la muestra actúa como una expresión mínima de sentido y acentúa la singular belleza de cada objeto para potenciar nuestra habilidad de ver nuevas formas.















